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Moskva

Bienvenido Camarrada, disfruta del excelente vodka y la lectura de este artículo en la cálida taberna de Kievan antes de ser secuestrado por el Glorioso Ejército Tzarista, de Moskva


Led y Glina; La Nieve y El Barro

Cruel ironía de nuestras tradiciones, ominoso sino de nuestros caminos, condenados a vagar por estas frías y hostiles tierras; con los aparejos tomados, no nos queda más remedio que fenecer ante los Bogatyr y los Graf. Los días pasan lentos y tórridos, nuestras espaldas desfallecen ante el látigo y la vara, la opresión de la que somos victimas nos hace desear morir; pero día a día nos despertamos y seguimos.

Nuestros hijos como corderos al matadero marchan, muchas veces sin siquiera poder decirles adiós, ni un te quiero; oh fatal vida ¿Por qué me afliges con esa crueldad? Las madres esperan a sus retoños en los pórticos para jamás verlos volver, amarga y ancha es la sima que los traga y condena a sus padres a llorar de impotencia. Desarmados ante la aflicción nos hallamos, quebradas nuestras piernas del inmenso peso que hemos de cargar; duro el pan que nuestros dientes mastican, podridas las aguas que bebemos y ácidas las lágrimas que caen en nuestros senos.

Cada día hemos de tomar la azada y arar campos que no nos pertenecen, nuestras cervices ya no pueden más que mirar al suelo de lo pisoteadas que están, la sangre corre en las manos y pies de los Boyardos por nuestros hermanos, amigos y conocidos, asesinados por ellos; hartos estamos de los grandes Patriarcas que con sus barbas mesadas nos roban lo poco que tenemos en nombre de Konstantin, nuestros jóvenes mueren empuñando martillos en inmisericordes fábricas que solo producen lo que unos pocos necesitan.

La tierra clama por la sangre derramada de nuestros niños en las minas, aquellos retoños que murieron ahogados por la avaricia de unos hombres que visten opulentamente, pero que no son más que unos cerdos; ni aunque el cielo fuera papel, ni el mar tinta, serían capaces de narrar todos los agravios sufridos.

Cuando los tambores de la guerra suenan y se dejan de forjar arados, ¿Quién es el que lucha? Nosotros, los campesinos; obligados a separarnos de quienes amamos por la ambición de un vejestorio sentado en un trono de madera no muy diferente a la miserable silla en la que me siento, asco y repulsa siento por aquellas abotargadas parodias humanas.

Y cuando la guerra llega aquí, ¿Quiénes son las que pagan el precio? Nuestras mujeres y señoritas, desfloradas brutalmente por soldados y no tan soldados, quienes se aprovechan de su vulnerabilidad e incapacidad de responder a tales acciones, su honor perdido para siempre y sus sueños rasgados.

Sufrimos para divertir a los Patriarcas desde sus dorados templos, cargados de incienso y libaciones pagadas de nuestro sudor y dolor, cánticos destinados a aumentar el increíble ego de quienes usan las sotanas, cargadas de caros perfumes costeados con nuestras lágrimas; borrachos están de nuestras hijas e hijos a quienes violan sin piedad, y nos regresan quebrados y acabados, ¿Es esa la obra de Konstantin que tanto dicen? Claro que no la es, malditos cerdos.

Amargados han dejado a nuestros venerables ancianos de tantas gravas, sus barbas enmohecidas de la explotación y sus nudillos convertidos en piedras; sin respeto a aquellas canas, ya que son obligados a hacer cosas que ni siquiera nuestros jóvenes más fuertes hacen, escupidos y ofendidos son en las calles, y en los campos, sus lágrimas son hiel de las penas que han sufrido.

Las madres que lloran a sus muchachos muertos hace décadas y los padres sumidos en vicios para escapar de los fantasmas de su pasado; ¡Oh amarga sima de civilización en la que vivimos; que con brutalidad te tragas a tus hijos cual hambriento Kar! Aciago destino aquel que aguarda al final del camino a este cadáver andante llamado Moskva; cruel constructo humano el cual oprime y asesina a los más desfavorecidos y menesterosos.

¡Con cuanta avidez consumes a quienes te sirven! Si la sangre fueran mares y la carne fuera tierra no darían los mundos para llenar con estos; cuantas lágrimas derramadas y cuanto sudor ha fluido para que su egolatría y desfachatez dieran sus frutos, ¿Cuantas espaldas rotas y sangrantes costaron sus bonitos y espaciosos palacios? Nosotros quienes los construimos vivimos peor que los cerdos que criamos.

Lloramos desconsolados nuestro destino amargo y terrible, al cual nos vemos irremisiblemente condenados; orgullosos Bogatyr cabalgan por las llanuras heladas portando con ellos el fin de nuestros sueños; ¡Oh amargo final que se avecina! Quebranto mis lomos ante el dolor inconmensurable poder que nos oprime sin piedad y sin remordimientos.

Solo quedamos piel vieja y huesos débiles, los cuales el viento agita y el sol carboniza; grandes dolores padecemos por el recuerdo de las primaveras perdidas y los otoños desperdiciados, sino ominoso y despreciable el que nos aguarda en la tumba, ya que ni siquiera descansaremos en ella, cruel descanso de aquellos que lo dieron todo y no recibieron nada.

¿Y qué decir de los mercaderes? Les da lo mismo un cerdo que un niño, ya que para ellos el cerdo tiene más valor; acaban con nuestras mujeres vendiendo su feminidad y honor por unos pocos talers, vergüenza de estado en el que vivimos. La sangre de los débiles y moribundos clama contra esas hienas vestidas de pieles.

En la paz y la guerra, en la vida o en la muerte; nos vemos obligado a ceder ante entes despreciables y egoístas los cuales solo velan por los intereses que ellos consideran prioritarios; dejando morir de hambre a los neonatos, acabando con las vidas de aquellos que no las han vivido, ¡Ominoso camino este que nos ha acaecido! ¡Con que ferocidad arrojas a los desterrados al abismo y condenas a los enfermos al seol!

Gemimos cual mujer en labores de parto a la espera de nuestra liberación; moriremos por nuestras libertades. Hartos estamos de su maldito yugo de represión y horror, con el cual nos cohíben y aplastan pero con seguridad les digo: ya no más.

Me pregunto ¿Qué le debo a un sistema que apresó y dejó morir de hambre a mi padre por querer formar a campesinos en las letras? o ¿Qué le debo a un estamento que violó una y otra vez a mi madre hasta matarla? No les debo más que mi desprecio y amargura, no soy deudor de ellos más que de la miserable vida que llevo; del horror sufrido y del amor perdido...

Destinos...

Mina

Un boceto rápido hecho por un impresionista artotzkerensy de nombre Iosíf; en este cuadro observamos una de las escenas descritas por el autor de la obra.

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