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Islam

Bienvenido seas perro infiel, contempla las maravillas del Dar' al para así postrarte ante la magnificencia del Califa, quien ha permitido que una rata como tu se deleite con nuestra maravillosa literatura


Esta es la recapitulación del conflicto en el Río Khandar, en donde nuestros hermanos vivieron, lucharon y cayeron por la gloria del Profeta.

Confeccionada para el recuerdo de los altos mandos que batallaron en contra de los Kafires (herejes) de la Confederación Baharata.

Dados los más altos permisos por boca del Califa actual y como testigos a más de cuatro fieles, se atreve el autor a empezar con la siguiente aleya:

En el nombre de Ala', el misericordioso, el compasivo.

La victoria de los fieles, al mando de Ibrahim al-Moghaddam, es de gran provecho para todos los que siguen al Dios.

Empezó con el encuentro que se dio en el río Khandar Ibrahim, había llegado por el norte, cargando las cabezas de los enemigos derrotados de la última campaña, para la vergüenza de Shavatin y sus terribles criaturas. Shankarachayra Upasani, jefe de los Zinquid, llegó por el sur…

Cargando vinos, carne de cerdo y muchos más alimentos que el Dios detesta.

No se supo quién inició el diálogo, más un joven muchacho testigo, afirma por su alma que se dijeron lo siguiente:

—¡Hijos del apestoso Ala’, que fornica con Konstantin! ¿Por qué no se arrodillan y nos adoran? Pues es claro que los Dioses están de nuestro lado y en la noche servirán banquete con vuestra sangre. —Exclamó el infame Upasani, quién con dos tiras de carne en la mano las levantó al cielo y las ofreció a las criaturas que allí viven.

—¡Callad, hereje! —Respondió el valiente Ibrahim. —¿Como hablas de Ala' cuando ni siquiera conoces la frase que recita todo el universo Lā 'ilāha 'illā-llāhu Ma'omun rasūlu-llāh (No hay más dios que el Dios, Ma'om es el mensajero del Dios)?

Upasani y algunos de sus compañeros se acercaron al borde de las aguas, tras voltearse se quitaron los ropajes y respondieron con gases que se convertirían al instante en fuego verde. Unas serpientes salieron de la tierra y alabaron el acto.

La mano derecha de Ibrahim, Saood el-Kaleel, se enfureció tanto que tomó una piedra y la lanzo con todas sus fuerzas. Esta impactó en el rostro de Upasani, cayendo al río, muerto. Cuando su cadáver fue despedazado por unos lagartos, uno de los que se había mofado contraatacó tirando otra piedra, pero esta solo alcanzó hasta la mitad del río. Los fieles se rieron de su poca coordinación y así se dio una terrible batalla de piedras.

A pesar de que los herejes atacan con todo lo que tenían, incluso sus propios textos sagrados e ídolos de oro, ninguno de estos alcanzó siquiera medio metro cerca de la orilla opuesta. No fue por falta de fuerza, sino de fe, las esposas y los hijos de los fieles, protegidos detrás de los carros, recitaron el Sagrado Corán a todo pulmón hasta que la guerra cesó.

Los infieles, al ver que no tenían más objeto que lanzar y que por consiguiente no tenían con que defenderse de las rocas de sus enemigos, corrieron al tiempo que se tapaban las partes íntimas. Más sus enemigos no fueron misericordiosos, al igual que lo es Ala' con quienes se revelaron. Murieron perdiendo el honor, cayendo directamente al lugar de los altos infiernos, donde el caos y el dolor son eternos.

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